Desde hace algunos meses, la Tebeoteca y el Área de Deportes de la UCA hemos venido hablando de la posibilidad de hacer algo conjunto sobre el juego limpio en el deporte. Para ello pedimos ideas a dos de los miembros del Club de la Historieta, Isaac Casanova y Juan José Domínguez, que rápidamente se ofrecieron a colaborar y aportaron un buen puñado de ideas que han cristalizado en dos historietas.
La plana mayor de culpables: el Vicerrector, los encargados del Área del Deporte, del Juego Limpio y de la Tebeoteca... ¡y por supuestos los autores de las historietas!
Ahora, la revista Drago número 13, publicada y distribuida de forma gratuita por el Vicerrectorado de Alumnos, muestra esas dos historietas. Isaac Casanova demuestra su buen hacer con el lápiz en tres páginas sobre baloncesto femenino, mientras que Juan José nos sorprende con su habilidad con el ordenador y presenta otras tres páginas compuestas y coloreadas completamente por ordenador.
Aunque la revista sólo puede conseguirse en la Universidad de Cádiz y en la librería especializada Leviatán, que ha esponsorizado este número, vamos a tratar de poner a la disposición de quienes lo deseen, y por supuesto de forma gratuita, un PDF con la publicación. ¡Os tendremos al tanto!
Desde la llegada de los blogs, la moda de crear tiras freaks que bromean sobre los fans han proliferado enormemente. En Estados Unidos la tira de Scott Kurtz, PvP, reune diez mil visitantes al día, ha logrado ser recopilada en formato comic book por Image Comics e incluso ha disfrutado de una breve serie de animación. En España, con un éxito más modesto, José Oliver y Bartolo Torres han conseguido que sus aventuras de El joven Lovecraft tengan una edición en castellano, otra en catalán y una tercera en inglés; a esta tira la siguen a la zaga otras como La legión del espacio, de Alfredo Álamo y Fedde Carroza, y La guarida del Leviatán, de Isaac Casanova, una apuesta de Diabolo.
Pero a poco que uno navegue en la red, descubre no sólo existen estas historietas, sino que un sinfín de autores y autoras crean sus propias tiras, tal vez avivando el sueño lejano de publicarlas, pero sobre todo trabajando por el placer de contar sus propias historias y compartir con un cada vez mayor número de aficionados bromas, guiños y comentarios. Una de esas tiras, modesta en éxito pero grande en todo lo demás, es (F)RickyTown, realizadas por Skullpirates, nom de guerre del valenciano Rubén García. Recientemente, conmemorando las cincuenta tiras, el autor ha decidido lanzarse al vacío y autoeditar un cuadernillo que recoge más de dos años de trabajo constante. Momento ideal para hacer una reseña tanto a la edición como a la serie en sí.
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(F)RickyTown es la historia de un chico normal, Dave, que trabaja en una tienda de cómics. Rodeado de auténticos freaks, entre ellos su compañero de trabajo Lez, y asediado por los variopintos clientes del local, cada viñeta es toda una odisea en la que el autor hace un repaso, con humor pero también cariño, de la afición actual. Hasta aquí, la historia no sería muy diferente de las que presentan muchos otros blogs, de no ser por la aparición de Danny, una misteriosa (¡y muy atractiva!) chica que rápidamente cautiva al protagonista y, para que engañarnos, también a los lectores. Según avancen las tiras, iremos conociendo más cosas sobre Danny, veremos los pequeños progresos y las inseguridades de Dave, todo ello sin que desaparezcan los guiños al mundo del cómic.
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Rubén García es un apasionado de la historieta, y eso se nota en las historias que cuenta, los personajes y la forma que tiene de desarrollarlos. Conocedor de las tiendas de cómic, sus historias son un reflejo (exagerado, paródico, desternillante) del mundillo que amamos pero que, al mismo tiempo, en ocasiones nos da un poco de vergüenza ajena. Conocedor del medio, sus homenajes a personajes clásicos, su forma de afrontar las historias y su estilo suelto hacen que uno se rinda a los personajes y a las situaciones que nos presenta.
No creo que Internet llegue, como algún fatalista ya anuncia a bombo y platillo, a provocar la desaparición de los cómics tal y como los conocemos. Muy por el contrario, creo que iniciativas como esta nos demuestran que la red da mucha más vida a un medio que sigue siendo fresco y divertido.
Autores: Michael Moorcock (guión) y Walter Simonson (dibujo)
Género: Fantasía épica
Editorial: Planeta DeAgostini
Publicación: 2008 (edición en castellano de la serie limitada de cuatro números Elric: The Making of a Sorcerer, publicada originalmente por DC Comics entre 2004 y 2006)
Uno de los géneros más apreciados por el público tanto europeo como estadounidense es el de fantasía épica, cuyo momento álgido fueron los años 70 y 80, con la adaptación a las viñetas de clásicos del género como Conan, Kull o Red Sonja (creados por el texano Robert E. Howard) y de Elric, Corum o Hawkmoon (creados por el londinense Michael Moorcock). En no pocas ocasiones estas adaptaciones se han convertido en obras maestras de la historieta, como fuera el caso de Clavos Rojos.
En los últimos años el género, que parecía haberse consumido a sí mismo, ha encontrado renovadas fuerzas, nuevas perspectivas e ideas, recuperando toda su gloria de la mano de series como pudieran ser el Conan de Kurt Busiek y Cary Nord (Dark Horse Comics, 2004) o Warlord de Bruce Jones y Bart Sears (DC Comics, 2006). Y entre ellas, la serie que comentamos hoy, Elric: La forja de un hechicero.
La imagen de Elric que nos había llegado hasta el momento, al menos en los cómics, había sido obra del ilustrador P. Craig Russell. Su dibujo estilizado, casi onírico, hacía que el espectador se dejase llevar por un universo de ensueño que nada tenía que ver con el bárbaro Conan. Pero ahora Walter Simonson rompe con dicha estética al ofrecernos una interpretación personal y distinta, ni mejor ni peor que la de Russell, pero igualmente bella y poderosa. Frente al dibujo de trazo hermoso de su antecesor, Simonson tiene un dibujo a ratos sucio, pero tremendamente impactante, plasmando los combates y el empleo de la magia como ningún otro autor lo había sabido hacer anteriormente. Su dibujo no alcanzaba cotas similares desde que realizada la serie de Thor en los años 80.
Los guiones de Elric habían sido adaptados mayormente por Roy Thomas, también guionista del bárbaro creado por Howard. Y aunque su trabajo fue sobresaliente en la mayoría de las ocasiones, sus adaptaciones carecían en ocasiones de vida, pues no se atrevía a llegar más allá de las novelas. Por eso, que el propio creador del personaje, Michael Moorcock, guionice este relato ofrece muchas ventajas: una historia totalmente nueva, unos personajes que se nos muestran tal y como su creador los ideó, elementos originales que trascienden las novelas…
La historia narra cómo el joven albino Elric de Melniboné supera las pruebas de magia para acceder al trono de rubí y poder así suceder a su padre como emperador. En su camino conocerá la amistad de sus seguidores, el amor de Cymoril, la envidia de quienes sueñan con un futuro plagado de guerras y conquistas, pero sobre todo el odio de su primo Yyrkoon, que ambiciona el trono para sí mismo. Magia, viajes a un pasado remoto, demonios y la aparición de la espada negra conocida como Stormbringer convierten este cómic en un viaje apasionante tanto para los seguidores del antihéroe albino como para los aficionados al cómic que se acerquen a este personaje por primera vez, siendo un punto de partida estupendo para luego pasar a leer sus novelas.
Es cierto que Moorcock ya no es el joven y rebelde autor que removió los cimientos de la fantasía inglesa en los años 60 y 70, pero sabe narrar con un ritmo endiablado que Simonson ilustra magistralmente. No cabe duda que ésta es la mejor aventura de Elric que la historieta ha conocido hasta el momento.
Recomendado: Para aficionados/as a las historias de aventura, y muy especialmente a los amantes de la fantasía épica.
Y si te gusta: No dejes de leer Conan: Clavos Rojos, una aventura plagada de magia, combates y misterios.
¿Quién no conoce a los personajes de Disney? ¿Quién no ha crecido viendo al ratón Micky, al pato Donald, a Goofy o a Pluto? Los personajes de Walt Disney son, desde hace ya casi un siglo, parte de nuestra cultura popular, da igual de la parte del mundo que seamos (valga como ejemplo Osamu Tezuka, uno de los padres del manga, que bebió tremendamente del estilo de Disney a la hora de plasmar sus dibujos, introduciendo la tradición de dibujar a los personajes con grandes ojos.)
Tan asentados están estos personajes que, al volver la vista atrás, parece mentira que hubiese una época en la que éstos aún no eran mundialmente famosos, y sus historias aún estaban por desarrollar. Pero a comienzo de los años 40, Donald era un personaje aún joven y sin explotar, creado por el joven animador Dick Lundy hacía menos de una década para el corto The Wise Little Hen (La gallinita sabia). A diferencia de Micky, mucho más popular tanto en la pantalla como en los cómics, Donald era un divertido cascarrabias que apenas había sido explotado.
Fue justamente en los comic books donde Donald tuvo la oportunidad de alcanzar la fama. De la mano de un ilustrados ya adulto, Carl Barks, Donald comenzó a vivir una serie de aventuras a través de las viñetas que le convirtieron no sólo en un personaje tan popular como Mickey, sino que además desarrolló un universo propio: sus sobrinos, el tío Gilito, los Golfos Apandadores y un sinfín de secundarios más.
Ahora la Tebeoteca ofrece a los miembros de la comunidad universitaria gaditana la posibilidad de leer las primeras historias del pato Donald de Carl Barks, en un tomo de lujo que recupera todo el sabor de las aventuras clásicas de Disney, además de incluir una breve reseña biográfica a cargo de Alfons Moliné, que en apenas cuatro páginas pone de manifiesto las obras clave y los detalles más importantes del maestro de ilustradores que fuera Barks.
El tomo da comienzo con la historia “Pluto salva el buque”, un relato simple y muy rápido de leer, que muestra la habilidad de Barks para convertir una anécdota en una divertida aventura. Tras dicho aperitivo, llega el plato realmente fuerte: “El tesoro del pirata”, una aventura en el sentido amplio de la palabra, en la que encontramos por primera vez a los sobrinos de Donald; originalmente, esta historia iba a ser una película de animación, pero los recortes de presupuestos y la necesidad de hacer producciones patrióticas dejaron el guión en dique muerto, hasta que Barks lo redescubrió y lo adaptó majestuosamente, plasmando con un trazo simple y pulido una auténtica epopeya de casi 70 páginas… ¡¡un tamaño inusual para la época!! A continuación, siguen historias más breves pero igualmente divertidas y originales: “Huertos y entuertos”, “El espantatiburones”, “El anillo de la momia” y un buen puñado de historietas más.
Barks fue un soplo de aire fresco en el mundo del comic book. Mientras la mayoría de los artistas que contaban historias basadas en personajes de animación se conformaban con imitar lo que ofrecían las salas de cine, este maestro de la imagen desarrolló un estilo personal, donde guión y dibujo correrían de su cuenta, la imagen cobraría importancia frente al texto (posiblemente por su experiencia como animador de dibujos animados) y los guiones siempre buscarían innovar, no conformándose nunca con explotar las ideas de otros artistas.
Por todo ello, la Biblioteca Carl Barks es una pequeña joya que recupera un clásico inigualable, pero tan divertido y bien realizado que puede ser leído más de medio siglo después sin por ello perder un ápice de su humor.
Recomendado: Para aquellos que quieran recuperar un fragmento de su niñez, pasar un buen rato leyendo una historia entretenida pero sin complicaciones, o simplemente descubrir cómo eran los cómics de los años 40.
Y si te gusta: No te pierdas la biografía del artista llamada Carl Barks (Un viento ácrata) de Alfons Moliné, también en la Tebeoteca de la UCA.
EDICIONES MAYI ha regalado a la Tebeoteca puntos de lectura de su primera novela gráfica, Don Juan Tenorio y Halloween, para repartir entre los miembros del Club de la Historieta. ¡Gracias!