Uno de los problemas de las pequeñas editoriales es que, a pesar de ofrecer materiales muy interesantes, no suelen llegar a todas partes.
Hoy nos informan de que una de las editoriales más jóvenes del panorama andaluz, el Colectivo DTebeos, ha conseguido abrirse un pequeño hueco en la provincia de Cádiz, y nos informa que a partir de estos días la Libreria Agricola de Jerez de la Frontera (situada en la calle Paul) ofrecerá sus títulos.
Pues nada, mucha suerte. Por mi parte, simplemente recomendar uno de sus últimos libros: Francisco Darnís: Maestro de la viñeta, un repaso a uno de los ilustradores más importantes de la edad dorada del tebeo español, y co creador de El Jabato.
Uno de los problemas que afronta un guionista a la hora de narrar una historieta de superhéroes es: “¿Qué puedo contar?”. La respuesta parece obvia, claro, a fin de cuentas todos queremos una aventura emocionante. Pero hablamos de superhéroes, gente que, como Superman, puede derribar montañas o viajar por el espacio sin apenas inmutarse, y encontrar una amenaza que les haga frente puede ser realmente complicado.
El guionista estadounidense que mejor supo enfrentar a los superhéroes más poderosos a las amenazas más terribles fue Jim Shooter, guionista, dibujante y editor que dejó una impronta indeleble en la industria del cómic de los últimos años 70 hasta comienzos de los 90.
La historieta en la que mejor supo mostrar un villano imbatible fue la trilogía de Count Nefaria, que se publicó entre los números 164 y 166 de The Avengers (septiembre a diciembre de 1977), en la cual los héroes más poderosos de la Tierra tenían que enfrentar a un enemigo de tremendo poder. La descripción de los personajes, el afán de los héroes por continuar la lucha a pesar de tenerlo todo en contra, la seguridad del villano en su victoria final y la inteligentísima secuenciación de las escenas, en las que se van introduciendo personajes nuevos y acción, que se alterna con momentos más tranquilos que dan un respiro al lector, hacen de este relato una de las lecturas obligadas para los aficionados al cómic de superhéroes y de acción.
Uno no pude evitar más que sonrojarse cuando, tras ver lo bien que Jim Shooter maneja la situación y los personajes, revisa otros cómics de acción en los que los héroes son todos idénticos, las escenas de lucha son interminables intercambios de golpes en los que nadie sabe quién está ganando ni porqué.
Y es que la acción, como cualquier otro género, puede estar bien escrita.
El pasado viernes tuvimos la primera reunión del año, en la que comentamos Ghost in the Shell, el mítico manga de Masamune Shirow.
Sin embargo, a pesar de ser todo un clásico, a la mayoría de los compañeros y compañeras no les gustó demasiado la lectura. Llevan razón en sus críticas: la historieta está bien dibujada, pero el lenguaje cyberpunk, las molestas notas al pie que no aclaran nada e interrumpen la lectura y la carencia de un hilo conductor hacen difícil conectar con la historieta.
A pesar de todo, hay que quitarse el sombrero ante la genialidad del autor: aunque escrita en los años 90, muchas de las ideas que aporta sobre la informática y el cyberespacio no sólo siguen siendo comprensibles hoy día (a diferencia de clásicos de la novela cyberpunk como Neuromante, donde se demuestra el desconocimiento tecnológico del autor), sino que además han servido de inspiración a obras como Matrix.
Esperemos que la próxima lectura guste más. Los dos primeros tomos de 12 del Doce van a llevar a nuestros lectores y lectoras del futuro próximo al lejano pasado de 1805 y 1808. ¡Ya veremos qué les parece!
Superlópez apareció unos años antes de que la mayoría de nosotros naciera, allá por 1973. En sus orígenes no era más que una parodia de lo que ya por aquellos años se estaba haciendo más y más popular en España: los superhéroes americanos. Y particularmente, una parodia del superhombre americano por antonomasia: Superman.
Divertidas y tontorronas, de una sola página, aquellas historietas fueron escritas por una legión de guionistas mayormente anónimos y dibujadas por un tal Juan López, que firmaba como Jan.
A raíz del éxito que fue la película Superman (1978), la editorial Bruguera se dio cuenta del filón que tenía entre manos. Así que, en 1979, pidió al guionista Francisco Pérez Navarro que realizara algunas historias cortas de Superlópez, que luego serían recopiladas en los tres primeros álbumes del personaje (Aventuras de Superlópez, El supergrupo y ¡Todos contra uno, uno contra todos!). Aventuras entretenidas, que jugaban a homenajear sobre todo a un universo, el de los cómics Marvel, en pleno apogeo. A los guiones, que indudablemente eran graciosos, se sumó el hecho de que Jan comenzó a mejorar considerablemente su estilo de dibujo, sumando a cada viñeta infinidad de pequeños detalles que hicieron su estilo inconfundible.
Pérez Navarro se fue por aquellos años a Cómics Forum, y Jan se empeñó en tomar control absoluto de la obra, haciendo él mismo tanto el guión como los dibujos de la cuarta aventura del héroe, Los alienígenas. Fue un éxito y superó en calidad a las entregas anteriores.
Uno de los aspectos más sobresaliente de aquella historieta fue que Jan supo hacer que el personaje dejase de ser una imitación, y jugó extraordinariamente bien con secundarios como Luisa Lanas o Jaime. El personaje superaba así su concepto original.
Es a partir de ese momento (1981) que muchos aficionados consideramos que comienza la edad dorada de Superlópez. La clave de su éxito serían una serie de aventuras a cual más divertidas, muchas veces homenajeando a los clásicos de la literatura (El señor de los chupetes, La caja de Pandora, Al centro de la Tierra), el género negro (La semana más larga), el cine (La gran superproducción) e incluso al mundo de la política (Los cabecicubos). Por su parte, las historietas contaban con un dibujo cada vez mejor y unos personajes en continua evolución. Especialmente memorables resultaban el personaje del jefe, el inspector Hólmez o su hija Martha.
No fue hasta 1988 que los álbumes del personaje experimentaron cierto estancamiento, y aunque algunas historietas continuaron destacando (Cachabolik Blues Rock, Los petisos carambanales y otras petisoperías o Hotel Pánico), cada vez primó más el tono pedagógico y moralista, restando frescura y originalidad a las aventuras: se mostraron otras culturas, muchas veces a partir de tópicos (Periplo búlgaro, La banda del dragón despeinado, El tesoro de Ciuacoatl) y problemas sociales, aunque de manera bastante superficial y terriblemente tópica (la ludopatía en En el país de los juegos, el tuerto es el rey o las drogas en Un camello subió al tranvía en Grenoble y el tranvía le está mordiendo la pierna), sin que faltara la crítica a la colonización coincidiendo con el quinto centenario del descubrimiento de América (Los ladrones de ozono) y una advertencia ecologista (El castillo de arena).
La crisis en la industria del cómic cerró, en 1996, la revista Super Mortadelo, que era donde se habían ido publicando de forma mensual las aventuras de Superlópez. A partir de ese momento las aventuras, tal vez por no estar pensadas para leerse de forma semanal, se volvieron mucho más pesadas. La acera del tiempo, El infierno, Los cybernautas, El Supercrack… son historias en las que se añade muy poco al universo de Superlópez (salvando unas poco creíbles canas y una villana nueva, Lady Araña). Aventuras en las que Jan trata temas actuales a base de chistes fáciles, haciendo caer a sus personajes una y mil veces en las mismas situaciones.
Parece que Jan fue perdiendo el interés o, como poco, se fue quedando si ideas según pasaban los años. Algunos fans dicen que no son las historias las que han cambiando, que hemos sido los lectores, que nos hemos hecho mayores y ya no nos reímos ni sorprendemos con la facilidad de antes. Tanto si es lo uno como lo otro, lo que está claro es que Superlópez es un personaje imposible de olvidar, por mucho que pasen los años.