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lunes, 7 de septiembre de 2009

TINTÍN, ATACADO EN BÉLGICA POR RACISTA


Cuando comenzamos este proyecto que es la Tebeoteca, nos vimos en la difícil situación de hacer una “lista de la compra” del material que íbamos a adquirir. ¿Qué obras son imprescindibles? ¿Cuáles pueden atraer a lectores jóvenes, cuáles a los más adultos? ¿Esto me gusta sólo a mí o también a más gente?


Esta dura decisión se agravó cuando descubrí que sólo teníamos presupuestos para adquirir cuatro tomos de Tintín. Rápidamente decidí que no serían los primeros tomos.


El primer Tintín, Tintín en el país de los Soviets, es una obra de 1929, un auténtico alegato contra la Revolución Rusa, y tiene mucho valor como testimonio gráfico de la lucha ideológica de aquellos años de entreguerras, pero como lectura ha envejecido muchísimo. Tintín en el Congo, segundo álbum de la serie, fue publicado en 1931, y es una obra racista y colonialista, más entretenida de leer pero igualmente envejecida.


Me sorprendo ahora al descubrir que en Nueva York las bibliotecas públicas han tomado decisiones similares a las mías, y han retirado Tintín en el Congo de las salas de consulta pública. Ahora lo tienen en los depósitos, y hay que pedirlo expresamente para poder consultarlo.


¿La razón? Que los lectores jóvenes no cojan un tebeo de Tintín por casualidad y sean influenciados por el mensaje colonial y racista de la obra. Pero quien quiera leerlo sólo tiene que pedirlo, así que tampoco es para echarse las manos a la cabeza.


Lo que sí sorprende un poco es la decisión de un ciudadano belga, Mbutu Mondondo Bienvenu, que ha denunciado a la sociedad Moulisart, detentora de los derechos de Tintín, pidiendo la prohibición de la publicación de la obra.


Indudablemente la obra es racista, habría que ser ciego para no verlo. Pero es que es una obra fruto de un tiempo y una época muy concretos, y lo extraño habría que Hergé hubiese hecho un cómic que retratase nuestros valores ideales. Porque pensad, ¿qué obra de hace más de 30 o 40 años no cumple con nuestras ideas actuales? La mayoría de las películas y novelas de género negro deberían de ser retiradas por machistas, innumerables relatos de terror por machistas y racistas (se me vienen a la cabeza los gitanos que ayudaban a Drácula, o el hecho de que Drácula sea un monstruo engendrado en la Europa del Este al que destruye la razón occidental), las películas románticas a la hoguera, y la poesía amorosa igual.


Es ridículo querer borrar el pasado. Tintín fue un personaje que mostró unos valores muy concretos, normales en la sociedad de su época. El objetivo no es destruir esos cómics para que la gente crea que nunca existió racismo, sino todo lo contrario, mostrar al mundo que esos cómics son un testimonio vivo de su época, un documento histórico tan valioso como podría ser un discurso de Hitler. Aprender el contexto de una obra, para así poder disfrutarla plenamente.


martes, 1 de septiembre de 2009

DISNEY ADQUIERE LA EDITORIAL MARVEL

La noticia cogía a los aficionados de cómics ayer por la mañana: Walt Disney Company compraba Marvel Entertainment por 2.798 millones de euros. Cada acción de Marvel ha sido comprada a 50 dólares, 12 más de lo que valían el pasado viernes, que se ha pagado en dinero y en acciones Disney.


A nadie se le escapa que Disney tiene un ojo puesto en las películas: los personajes Marvel que han pasado al celuloide han sido, salvando excepciones puntuales (y esperables), éxitos rotundos. Sirvan como ejemplos la trilogía de Spider-Man, que ha recaudado 2.500 millones de dólares a lo largo y ancho de todo el mundo, y X-Men Origins: Wolverine, que ganó 90 millones de dólares sólo en su primer fin de semana, y eso a pesar de que la película se había filtrado un mes antes por Internet. De hecho, el propio canal Disney XD estaba retransmitiendo más de 20 horas semanales de personajes Marvel, contando con una audiencia más que considerable.


El miedo ha cundido rápidamente entre aficionados y profesionales, que tienden a olvidar que Walt Disney no es ya una persona ni una empresa familiar, sino una multinacional con más de 150.000 empleados a lo largo y ancho del mundo. No es de extrañar que los jefazos de Disney hayan salido rápidamente a la palestra, explicando que Marvel disfrutará de bastante autonomía en lo referente a la gestión de sus personajes, sus líneas y los contenidos de estas, poniendo como ejemplo la libertad creativa que ya posee Pixard.


¿Qué va a cambiar? Las distribuidoras van a seguir siendo las mismas, pero pasado un tiempo Disney quiere convertirse en la única distribuidora de las películas de Marvel, abriéndose la puerta a la participación de Disney3D en las próximas películas, por no hablar de la posible colaboración con Pixard.


Hay que recordar que DC Comics, la principal rival de Marvel, fue adquirida en 1969 por Warner Bros. Entertainment, sin que ello fuera en perjuicio de la editorial de cómics, más bien todo lo contrario, contando con excelentes adaptaciones de animación y algunas películas de éxito más variopinto.


De hecho, desde que en 1973 Martin Goodman vendiese Marvel Comics a Cadence Industries, la editorial que crease a héroes como Spider-Man, Fantastic Four o X-Men ha cambiado de manos en no pocas ocasiones. En 1986 fue adquirida por New World Entertainment, sólo para revenderla en 1989 a Ronald Perelman, cuya especulación llevaría a la bancarrota de Marvel a mediados de los 90, siendo rescatada en el último momento por una de sus subsidiarias, la juguetera Toy Biz. La compra por parte de Disney parece que traerá estabilidad, ya que ambas compañías tienen intereses similares en la industria del entretenimiento, no siendo la compra una mera maniobra de especulación.

domingo, 30 de agosto de 2009

KIMAGURE ORANGE ROAD

A principios de los años 90, en plena crisis del cómic estadounidense, las librerías españolas comenzaron a llenarse de historietas japonesas. Los primeros mangas se apoyaban en éxitos televisivos como Dragon Ball, Ranma ½, Sailor Moon o Caballeros del Zodíaco, entre otros. Y aunque muchos de aquellos primeros lanzamientos no lograron el éxito deseado, otras series y otros personajes fueron abriéndose paso y conquistando cada vez mayor espacio en las estanterías. Quince años después, lo que algunos calificaron como una moda es, se mire como se mire, todo un fenómeno social.


Hoy, numerosas editoriales publican todo tipo de historietas japonesas, desde las más subidas de tono, pasando por los éxitos televisivos, hasta llegar a historietas para niños y niñas. Sin embargo, la mayoría de estas editoriales parecen obsesionadas con lanzar productos modernos y actuales, algunas veces a costa de ofrecer al público material de muy dudosa calidad. Por lo tanto, la política de la editorial Glénat de recuperar clásicos es todo un soplo de aire fresco para una afición que sabe mucho del manga actual, pero apenas nada de las obras maestras anteriores a los años 90.


Glénat, que ya recuperara buena parte de la obra de dos gigantes del manga como son Osamu Tezuka y Rumiko Takahashi, se lanza ahora a recuperar a uno de los grandes maestros de los 80, Izumi Matsumoto, creador del manga Kimagure Orange Road (KOR), que en España también se conoció como Johnny y sus amigos.


Popularizada en España merced de una serie televisiva que sufrió una tremenda censura, realmente innecesaria puesto que Matsumoto nunca desnudó a sus personajes ni introdujo diálogos subidos de tono (aunque sí se hacían menciones bastante inocentes a besos y caricias, y la doble moral televisiva no podía permitir tal cosa), KOR tuvo escaso éxito en el mercado español, pues ni la edición (cuadernillos de 48 páginas bastante caros para ser en blanco y negro) ni el dibujo atrajeron al público.



Ciertamente, los primeros capítulos de Izumi Matsumoto tienen un trazo simple que no puede compararse (ni debemos comparar, pues son estilos de épocas distintas) con el preciosismo realista de Masakazu Katsura. Sin embargo, a medida que los capítulos se suceden, Matsumoto va enriqueciendo su estilo, va definiendo a sus personajes y, lo que es más importante, maneja la narración gráfica con una endiablada facilidad que te obliga a seguir leyendo.



La historia que el maestro, hoy retirado debido a una dolencia de espalda, nos cuenta es simple y a la par tremendamente divertida y completa. Kyōsuke Kasuga, nuevo en el instituto, tiene su amor dividido entre la dulce y algo posesiva Hikaru Hiyama y la misteriosa y algo salvaje Madoka Ayukawa. A diferencia de la serie televisiva, en la que era obvio que nuestro protagonista prefería a Madoka, en el manga cada chica tiene su atractivo y hay momentos en los que ni el propio lector sabe a cuál elegiría. Pero este triángulo amoroso, clásico donde los haya, se complica por el hecho de que Kyōsuke (de hecho toda su familia) posee poderes como telekinesis, teleportación, viaje en el tiempo y otros muchos que ni el propio protagonista, debido a su juventud, termina de conocer.


Lo que podía haber sido un divertido romance se convierte además, de la mano de este genio del manga, en una historia de ciencia-ficción, donde nuestro protagonista se hipnotizará a sí mismo con sus poderes para ser el chico ideal (aunque le saldrá mal, claro), intercambiará cuerpos con sus familiares, viajará al futuro y al pasado para resolver sus problemas y, en general, vivirá mil y una complicaciones. Todo ello con un sabor adolescente muy refrescante, que nos recuerda lo que eran aquellos años de dudas e inexperiencia, cuando todo era nuevo, intenso e irrepetible.


La historia, que comenzó a publicarse en Japón hace ya un cuarto de siglo, que se dice pronto, se está editando actualmente en España en 10 tomos bimestrales, de unas 300 páginas cada uno, por un precio bastante razonable: 9,95 €. Una posibilidad estupenda de adentrarse en la historia del manga japonés, pero sobre todo una oportunidad irrepetible de disfrutar con una historia magnífica.


martes, 25 de agosto de 2009

ASTONISHING TALES: DEATHLOCK

Aquí os dejo un texto que me ha remitido Lolo García, compañero del Club de la Historieta y enamorado de la editorial Marvel de los 70. Un repaso excelente a un héroe que, en mi caso, me resultaba completamente desconocido.

Que a la editorial Marvel Comics le sentaron bien los años 70 lo sabemos todos, quizás La Casa de las Ideas nunca hizo tanto honor a ese sobrenombre como en esa época, cuando las fórmulas y conceptos superheroicos, ya explorados y bien explotados por la propia Marvel, dan lugar a un nuevo aluvión de experimentos y nuevas creaciones que expanden los límites del superhéroe y, en vez de sustituir a los anteriores, pasan a formar parte del mismo imaginario y se complementan perfectamente.

Uno de los personajes que más me llamó la atención de aquella época, como muchos tantos, es Deathlok el Demoledor, cyborg creado por el dibujante Rich Buckler con la ayuda del guionista Doug Moench para la serie Astonishing Tales en 1974.

Habida cuenta del éxito que Marvel estaba consiguiendo con antihéroes tanto si eran figuras de la fantasía heroica (Conan) como monstruos del cine (Hombre Lobo, Zombi...) o incluso aquellos que directamente acaban encuadrados en el marco superheroico de pijama de lycra como Lobezno o Punisher, Buckler y Moench se sacan de la manga a un cyborg creado a partir del cadáver del soldado Luther Manning, el cual mantiene su conciencia en lucha con la computadora que tiene implantada en su cerebro, amen de otra multitud de implantes cibernéticos.

La función de Deathlok es ser el arma perfecta del megalomaníaco Harlan Ryker, antiguo compañero de Manning, en un futuro postapocalíptico con fecha de 1990. Será la conciencia de Manning la que se rebele y tome las riendas de su cibernético cuerpo (compartidas en una eterna lucha con la computadora de su cerebro) para sublevarse como un ejército de un solo hombre contra la tiranía de Ryker.

La serie de Deathlok de Astonishing Tales duró unos dos años (12 números bimensuales), y si bien adolece a la larga de agujeros de guión, diluyéndose las motivaciones de Deathlok y de los demás personajes, pegando bandazos de un sitio para otro una vez pasado el eclipse de la serie.
Prefiero empezar con estos errores para pasar a los muchos aciertos que a mi parecer encontramos en esta serie, pues ninguno de estos factores negativos interrumpe la lectura, que es entretenida y se lee bastante bien.

Por un lado tenemos a un personaje que, al igual que otras viejas glorias de la Marvel, tiene su referente en los clásicos, en este caso y cogido por los pelos, en el monstruo de Frankenstein (genial escena en la que encuentra un ejemplar de Mary Shelley y lo hace trizas) pero por encima de todo, Deathlok pasa a ser el referente de lo que vendría en el futuro: el arma perfecta construida a partir de los restos de un gran guerrero (Robocop) y/o el cyborg enviado al pasado para evitar un futuro apocalíptico (Terminator).

Si a todo ello le añadimos cierta carga política imposible de pasar por alto (Deathlok se arranca la bandera norteamericana del uniforme para pisotearla, por citar un ejemplo), los diálogos interiores entre Manning y la computadora (llega a convertirse en una voz en off de hasta tres bandas), la nada pedante e inocentona pero bien llevada crisis existencial de Manning tanto por la presencia como por la ausencia de una computadora en su cerebro y un apartado gráfico donde Buckler deja de imitar tanto a Buscema para parecerse más a Neal Adams, dibujando magistralmente a Deathlok entre una Nueva York en ruinas.

Terminada la serie de Astonishing Tales el personaje no cayó en el olvido, sino que ha sido aprovechado con mayor o menor fortuna, siempre tímidamente, hasta la actualidad.

Llegué a leer un poco del Deathlok de los 90, en lo que supuso un reboot en el que el protagonista no es Manning sino un pacifista ingeniero llamado Michael Collins que se ve involucrado en el proyecto Deathlok en nuestro presente en lugar del futuro desolador de la serie original, desconozco la calidad de la serie pero posiblemente pasara sin pena ni gloria. Me quedo con el Deathlok setentero, dueño de su propia estética y, sin ser de las series más punteras de la casa (ni pretenderlo), sí que se trata de uno de los engranajes de algo grande.

lunes, 24 de agosto de 2009

LOS PRIMEROS SUPERHOMBRES (Y LA PRIMERA SUPERMUJER)

¡Los aficionados a los superhéroes están de enhorabuena! La editorial estadounidense Fantagraphics ha publicado este mismo año un divertido libro llamado Supermen! The First Wave of Comic Book Heroes (1936-1941), dedicado a los primeros heroes que aparecieron en las páginas de los comic books y que tenían habilidades especiales o, en su defecto, llevaban una máscara tras la que se escondían.

El libro, que es más grande que una guía telefónica (al menos gaditana) se centra en una veintena de héroes y una heroína poco conocidos pero que en su día fueron famosos o, en su defecto, fueron dibujados por artistas que hoy son auténticas leyendas del dibujo. Todo el material proviene del fondo editorial de empresas ya desaparecidas, lo que permite que el precio sea más que razonable: 24.99 dólares.


El libro, comparado con una guía telefónica.


¿Qué podemos encontrarnos? Los primeros trabajos de Jerry Siegel y Joe Shuster (padres de Superman), los maestros del pincel Will Eisner y Lou Fine dibujando a The Flame (que posteriormente inspiraría a la Antorcha Humana de Marvel Comics, Bill Everett (creador de Namor the Submariner), Jack Kirby, Joe Simon (padre junto a Kirby de Captain America, Kid Commandos y otros muchos éxitos de los años 40), Jack Cole (quien creara al genial y hermosamente dibujado Plastic Man) o Basil Wolverton (que década y media después triunfaría en la revista de humor MAD).

¿Vale la pena comprar el libro? Las historias muchas veces son tontorronas, en ocasiones toscamente dibujadas para nuestros cánones, pero se ve el deseo de aquellos jóvenes autores de crear algo nuevo, de emular a sus ídolos al pincel Alex Raymond, Hal Foster, Milton Caniff o al guionista Lee Falk.


Interior del libro.


Al final del libro, el editor Greg Sadowski da una lección magistral de historia del cómic comentando detalles curiosos sobre los personajes, los autores o las editoriales de la época. Parece mentira que se hicieran pequeñas fortunas con una inversión inicial de 15 dólares, o que los editores de Superman se sintiesen avergonzados del colorido personaje y no quisiesen darle demasiado protagonismo ni publicidad durante sus primeros meses de existencia.

Resulta un libro divertido, para leer poco a poco, disfrutar de la imaginación de hombres que murieron hace ya muchos años y revivir las historias que hicieron soñar a una generación que había crecido bajo la sombra gris de la Gran Depresión y a la que amenazaba la aún más negra sombra de la guerra en Europa y el Pacífico.